ASUNTOS PENDIENTES VERSION SECUNDA

 

Hasta el 2008 todo iba bien para Ai Weiwei.

China promete para los Juegos Olímpicos del 2008 en Pekín mayor apertura, libertad, transformarse en ciudad cosmopolita y practicar un gobierno “más democrático”.

Weiwei responde participando en el diseño arquitectónico del que sería el estadio principal de los Juegos, o “El Nido” por su forma curvilínea y semejanza a un nido de pájaro.

Meses antes de los juegos tembló la tierra en Sichuan, una provincia al sur de China, murieron miles, sobre todo escolares que sucumbieron bajo los escombros de escuelas colapsadas, mientras edificios oficiales se mantuvieron en pie. Las familias protestaron, demandando al gobierno investigar la corrupción en el uso de los fondos destinados a la construcción de estas escuelas.

El escándalo irrumpe en la víspera de los Juegos, y las autoridades responden de manera implacable, encarcelan a activistas, detienen a gente involucrada con las protestas, y silencian a los padres.

Ai Weiwei salta a la escena yendo al centro del ojo del huracán, junto con abogados, activistas, escritores, y periodistas, armados con cámaras de fotos, vídeo, y teléfonos móviles llegan a Sichuan para hacer su propia investigación sobre las escuelas y los padres. Allí se topan con la policía. Ai Weiwei es golpead y termina en un hospital con heridas en la cabeza y con un aparente traumatismo cerebral que se le detectará más tarde en Alemania.

A partir de alli, Ai da rienda suelta a un espíritu rebelde, a sus ganas de saldar cuentas pendientes, las humillaciones de su infancia, y se lanza con todo a mostrarle el dedo al poder.

Como un mártir de las leyendas míticas chinas, corpulento, con el pelo despeinado y larga barba, Ai decide enfrentarse al gobierno con todo lo que tiene, que no es poco. Decenas de miles de seguidores en los medios sociales, una gran influencia en la clase media, intelectuales y artistas, contactos con la élite de la inteligentzia, el legado de un padre -ex-ministro de cultura y poeta, caído en desgracia durante la revolución cultural, y reivindicado por el Partido Comunista- y también los medios. Sobretodo los medios, que Ai conoce entonces ya muy bien.

El porte macizo de Ai Weiwei, y su larga barba empiezan a convertirse en ícono de la irreverencia. 

 

Peleas callejeras libradas a puño limpio con intelectuales Neo-Maoistas, insultos públicos via Internet al director del Global Times, el periódico más conservador de China, acoge en su casa-estudio a decenas de “peticionarios”, complota casos con abogados de derechos humanos y activistas, hace videos sobre disidentes, organiza protestas de artistas en las avenidas principales de la ciudad, publica fotos obscenas mofándose del gobierno…todo esto terminó irritando la paciencia de las autoridades.

Desaparece en el 2011 en el aeropuerto de Pekín, cuando iba en camino a tomar un avión a Hong Kong. El mundo se pregunta si había tocado finalmente el límite de lo que el gobierno estaba dispuesto a tolerar.

Durante 81 días su imagen fornida y campechana desapareció de la Web, su estudio fue allanado, se llevaron computadoras, y todo el material que tenía grabado, así como sus papeles de la constitución de “FAKE”, su empresa.

Durante su desapareción su madre dijo que la familia había pedido ayuda a todos los contactos, “incluso a la hija de Mao, que viene a beber té a mi casa frecuentemente”.

Lu Qing, la esposa de Ai había tomado el rol de portavoz durante esos tres meses. Ai Weiwei había tenido un hijo con otra mujer hacía un par de años pero legalmente Ai seguía casado con Lu Qing, y ella seguía siendo la representante legal de FAKE.

Al cabo de 81 días y muchas maniobras de la familia, Ai vuelve a aparecer visiblemente más delgado y maltratado por la experiencia.

No sé si Ai es un defensor de la democracia, libertad, derechos humanos, o si es un mártir-bandolero-rebelde, un niño herido por una infancia de humillaciones al padre y su familia, un adolescente que desconoce la autoridad, un artista privilegiado perteneciente a una élite de los “intocables” en China por el pasado de su padre, o quizás un caudillo con aspiraciones despóticas a quien le divierten sus provocaciones.

En su estudio tiene más de 20 habitaciones, una oficina con una docena de personas que trabajan para él. Rodeado de gatos y perros, hospeda también a jóvenes aprendices y artistas, bebe whisky, tiene gusto por el juego, las apuestas, la buena comida, las mujeres, un innegable talento creativo, así como para los negocios, sabe cómo controlar a los medios y promocionarse. Disuade, persuade, y ahora se ha apropiado de la imagen de héroe en la que le han querido encasillar. 

Esa imagen le protege e irónicamente también le da libertad, aunque a veces se la quite, para seguir jugando, provocando y rebelándose.

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